martes, 24 de abril de 2012
sin duende
temprano, hoy, pensé en una entrada sobre mi carencia de duende. la empecé hace horas y ahora que la releo pienso que le falta duende por completo. ¿hay quien pueda hablar con mayor naturalidad y autoridad sobre el duende que un andaluz? ¿hay quien pueda hacerlo de un modo más clarificatorio que un poeta con sus metáforas y su juego? así que borré casi todo lo escrito. mejor los remito a su "teoría y práctica del duende". yo sólo sé que se me pierde constantemente. a veces vuelve, vuelve a insuflarme entusiasmo, un poco de pasión (mala y buena). hay que ver que no únicamente el arte pide duende sino también la vida. además, me domina cierta resistencia que va más allá de lo consciente y este duende es selectivo: con ciertas personas ya no quiere manifestarse el duende, y me duele; pero no, ni el dolor sirve para sacar el duende de mármol y sal, al demonio oscuro y alegre al mismo tiempo que sube desde los pies en actos mínimos o en el desagarramiento del arte.
martes, 3 de abril de 2012
lunes, 19 de marzo de 2012
Trastorno agresivo-pasivo de la personalidad
Todo el tiempo pienso en clasificarme, y mi búsqueda de respuestas es a veces tan superficial, que me recuerda a aquella Carmen de la adolescencia intentando comprender su modo de ser a través de los tests que aparecían justamente en las revistas para adolescentes.
Pero ahora me he dado a la tarea de revisar el DSM IV, porque alguien me dijo que quizá mi personalidad tiende a estar cercana a uno de los transtornos que ahí se describen. Trastorno agresivo-pasivo de la personalidad. Busqué en el Manual y no lo encontré; al parecer ya lo "descontinuaron". Investigaré...
Total, aquí está la descripción de dicha patología... Vale mais, me identifico mucho:
- Se caracterizan básicamente por buscar la compañía de los demás pero al mismo tiempo y debido a su gran ambivalencia, les rechazan y alienan. Por un lado la persona quiere que alguien cuide de él o haga su vida gratificante, pero por otro lado, no quiere perder autonomía o libertad y le disgusta aceptar indicaciones y mandatos, en general de aquellos de los que dependen. Están atrapados entre la intensa dependencia y la demanda de autonomía.
- Desea por un lado sentirse independiente de los demás y por ello le disgusta acatar las órdenes de los demás no cediendo ante el otro; pero por otro lado desea contar con el favor del otro puesto que el pasivo-agresivo es muy dependiente, y no puede permitirse la confrontación directa y el ser asertivo, puesto que corre el riesgo de perderle. Para solucionar esta ambivalencia entre querer oponerse al otro sin ser asertivo y buscar la confrontación, utiliza estrategias de resistencia a las órdenes indirectas recurriendo a la posposición, la ineficacia y la obstinación, así como mostrando conductas de oposición y fastidio hacia los demás. Si el otro se enfada por la oposición del pasivo-agresivo actúan ofreciendo una imagen de perplejidad o ineptitud, aparenta haberse olvidado del asunto o se ofrece al otro con una imagen indolente.
- Sus creencias son: “Si sigo las normas pierdo libertad”, “si alguien llega a conocerme seré vulnerable”, “si dependo de alguien no tengo capacidad de decisión”, “no imponiéndome a los demás directamente estoy a buenas con los demás”, “no debo seguir los pasos de nadie”, “dar el brazo a torcer significa que no tengo control”.
- Se muestra resentido y envidioso de los demás haciendo comentarios desagradables sobres los que tienen más suerte que él.
- Se ve así mismo con poca suerte, poco apreciado, gafado y ninguneado por los demás, muestra sentirse desilusionado de la vida, agrio y descontento.
- Los demás les ven como obstinados, no cooperadores, desobedientes, quisquillosos, malhumorados, enfurruñados, pesimistas.
- Aunque en ocasiones hacen confesiones genuinas de arrepentimiento, a la larga vuelven a mostrarse oposicionistas y malhumorados.
- Raramente se culpabilizan a sí mismos.
- Reaccionan ante la percepción de no sentirse apreciados.
jueves, 18 de agosto de 2011
¿Qué provoca la acidia? ¿Por qué es tan dañina para el bien espiritual?
Agamben resume la explicación dada por los padres de la iglesia:
"Ésta (la acidia) genera ante todo malitia, el ambiguo e infrenable amor-odio por el bien en cuanto tal, y rancor, el revolverse de la conciencia malvada contra aquellos que exhortan al bien, pusillanimitas, el ‘ánimo pequeño’ y el escrúpulo que se retrae espantado frente a la dificultad y al empeño de la existencia espiritual; desesperatio, la oscura y presuntuosa certeza de estar ya condenados por anticipado y el hundirse complacientemente en la propia ruina, como si nada, ni siquiera la gracia divina, pudiera salvarnos; torpor, el obtuso y somnoliento estupor que paraliza cualquier gesto que pudiera curarnos; y finalmente evagatio mentis, la fuga del ánimo ante sí mismo y el inquieto discurrir de fantasía en fantasía que se manifiesta en la verbositas, la monserga vanamente proliferante sobre sí mismo, en la curiositas, la insaciable sed de ver por ver que se dispersa en posibilidades siempre nuevas, en la instabilitas loci vel propositi y en la importunitas mentis, la petulante incapacidad de fijar en un orden y un ritmo el propio pensamiento.”
cito, solo cito
"La melancolía no sería tanto una reacción regresiva ante la pérdida del objeto de amor, sino la capacidad fantasmática de hacer aparecer como perdido un objeto inapropiable... así en la melancolía el objeto no es ni apropiado ni perdido, sino una y otra cosa al mismo tiempo. Y así como el fetiche es a la vez signo de algo y su ausencia, y debe a esta contradicción su propio estatuto fantasmático, así el objeto de la intención melancólica es al mismo tiempo real e irreal, incorporado y perdido, afirmado y negado". (Giorgio Agamben, Estancias, cit. por Ferrús)
"¿Y no es este el objeto de amor de la mística? ¿No es la melancolía un estadio necesario de todo místico? En las autobiografías de monjas siempre hay un momento de enfermedad gravísima que se combina con una total ausencia de la presencia de Dios (...) Los momentos de 'noche oscura' difícilmente se diferencian de los arrebatos melancólicos, por mucho que los místicos trataran de distinguirlos, pues la melancolía asociada con la pulsión erótica y el anhelo de goce presenta tintes peligrosamente eróticos. La melancolía podría pensarse como una radiografía del sistema pulsional, como estilización de su funcinamiento (...)." (Beatriz Ferrús y Nuria Girona, Vida de Sor Francisca Josefa de Castillo)
lunes, 28 de marzo de 2011
un paso pa'delante y dos pa'trás? lo dirás por ti
oh, sí, aquí pensando en las musarañas y algo más, o sea, ocupándome en menesteres similares a los vuestros.
jueves, 13 de enero de 2011
"A fuerza de irrisión, pero también de extrema precisión, Baudrillard desmonta..."

quisiera tener más tiempo y menos pereza para leer cositas como estas:
sobre los problemas de la realidad, la apariencia y la ilusión.
En este capítulo centraremos la atención en un aspecto poco destacado
de su obra: el uso frecuente de terminología científica y pseudocientífica.
En algunos casos, se trata claramente de metáforas.
(...)
Sin embargo, no toda la física de Baudrillard es metafórica. En sus escritos
más filosóficos parece tomar la física -o por lo menos su versión de
la misma- al pie de la letra, como en su ensayo Le fatal, ou I'imminence
reversible, dedicado al tema del azar:
Esta reversibilidad del orden causal, esta reversibilidad del efecto sobre
la causa, esta precesión y este triunfo del efecto sobre la causa son fundamentales.
(...)
Esto es lo que entrevé la ciencia cuando, no satisfecha con cuestionar el
principio determinista de causalidad (eso es una primera revolución), presiente,
más allá del principio de indeterminación, que todavía desempeña una
función como hiperracionalidad -el azar es una flotación de las leyes, lo que
ya es, de por sí, extraordinario-, pero eso que, en lo sucesivo, presiente la
ciencia en los confines físicos y biológicos de su ejercicio, consiste, en realidad,
en que no sólo existe una flotación, una incertidumbre, sino una reversibilidad
posible de las leyes físicas. Ése sería el enigma absoluto: no una ultrafórmula
o metaecuación del universo (lo que todavía era la teoría de la
relatividad), sino la idea de que toda ley puede reversibilizarse (no sólo la partícula en la antipartícula, la materia en la antimateria, sino las leyes en sí mismas).
Dicha reversibilidad -las grandes metafísicas siempre han desarrollado
esta hipótesis- es la regla fundamental del juego de las apariencias, de la metamorfosis de las apariencias, contra el orden irreversible del tiempo, de la
ley y del sentido. Pero resulta fascinante observar cómo la ciencia llega a las
mismas hipótesis, contrarias como son a su propia lógica y a su propio funcionamiento
(Baudrillard, 1983, págs. 232-234; cursivas del original).
Es difícil saber qué entiende Baudrillard por «reversibilizar» una ley de la
física. Es cierto que en física se habla de la reversibilidad de las leyes, una
fórmula condensada que se usa para designar su «invariancia respecto a la
inversión del tiempo». Pero esta propiedad era ya bien conocida en la mecánica
newtoniana, teoría determinista y causal por excelencia, y no tiene
nada que ver con la incertidumbre ni se sitúa, en absoluto, en los «confines
físicos y biológicos» de la ciencia. (Por el contrario, precisamente la no reversibilidad de las leyes de las «interacciones débiles», descubierta en 1964,
constituye una novedad aún no bien comprendida.) En todo caso, la reversibilidad
de las leyes no guarda relación alguna con una supuesta
«reversibilidad del orden causal». Finalmente, las confusiones -o fantasías-
científicas de Baudrillard le conducen a hacer aserciones filosóficas
injustificadas: no aporta ningún argumento para apoyar su idea de que la
ciencia llega a hipótesis «contrarias (...) a su propia lógica».
Suscribirse a:
Entradas (Atom)